Por primera vez desde la llegada del evangelio restaurado de Jesucristo a la República Dominica (en diciembre cumplirá 30 años), un presidente de ese país visita a los líderes y miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
Al convertirse en el primer Jefe de Estado que acude a los jardines del templo de la
Iglesia de los Santos de los últimos Días, ubicado en el sector La Esperilla, en Santo Domingo, el presidente Leonel Fernández aseguró que con nosotros comparte valores y criterios porque está convencido de que “nada humano puede ser trascendente, si no es por la voluntad del Todopoderoso y creo que en ese sentido compartimos valores, compartimos criterios”.
Junto al presidente Clate W. Mask, (presidente del Área del Caribe); Daniel L. Johnson, primer consejero y Miguel A. Lee, segundo consejero, el mandatario encabezó una ceremonia que congregó a decenas de miembros de la comunidad Santos de los Últimos Días en el país, integrada por 105 mil miembros debidamente registrados.
“Desde hace cierto tiempo circulo por estas calles y miro con curiosidad hacia el Templo y digo que Templo tan bello, que Templo tan hermoso y no sabía como llevar aquí y no sabía que había que hacer para penetrar, hasta que me he encontrado con unos valiosísimos amigos que han facilitado la vida para poder llegar y compartir con ustedes”, dijo el presidente dominicano.
El Élder Miguel A. Lee, segundo consejero de la presidencia de Área del Caribe, dio el discurso de apertura al acto multitudinario y recordó que “el matrimonio entre el hombre y la mujer es ordenado por Dios y la familia es la parte central del plan del Creador para el destino eterno de sus hijos”.
Sostuvo que ningún medio ni ninguna organización pueden ocupar el lugar del hogar ni cumplir sus funciones esenciales, ya que los padres tienen la responsabilidad sagrada de educar a sus hijos dentro del amor y la rectitud, de proveer para sus necesidades físicas y espirituales, de enseñarles a amarse y a servirse el uno al otro.
El Élder Lee dijo que somos personas comunes y corrientes que deben llevar a cabo una obra sumamente extraordinaria y que es nuestra responsabilidad aprender y entender la doctrina del plan de felicidad, de defender el matrimonio honorable y de ser ejemplos del mismo, así como de enseñar principios correctos en el hogar y en la Iglesia.
Recordó cuando el rey Benjamín hablaba a su pueblo desde el Templo en la tierra de Zarahenla, aquí en Las Américas: “y aconteció que cuando llegaron al templo, plantaron sus tiendas en los alrededores, cada hombre según su familia, que se componía de su esposa, y sus hijos y sus hijas, y los hijos e hijas de éstos, desde el mayor hasta el menor, cada familia separada la una de la otra. Y plantaron sus tiendas alrededor del Templo, cada hombre con la puerta de su tienda dando hacia el templo, para que así quedaran en sus tiendas y oyeran las palabras que el rey Benjamín les iba a hablar”. (Mosíah 2:5-6).
“Hemos sido bendecidos con todas las fuentes espirituales que necesitamos; tenemos la plenitud de la doctrina de Jesucristo; tenemos el Espíritu Santo y la revelación; tenemos ordenanzas salvadoras, convenios y templos; tenemos el sacerdocio y profetas; tenemos las Santas Escrituras y el poder de la palabra de Dios; y tenemos La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días”, sostuvo el Élder Lee.
Con frecuencia hablamos del matrimonio y lo destacamos como una unidad fundamental de la sociedad, como el fundamento de una nación fuerte y como una institución básica sociológica y cultural. Sin embargo, ¡el Evangelio restaurado nos ayuda a entender que es mucho más que eso! y reiteró “Hay más posibilidad de lograr la felicidad en la vida familiar cuando se basa en las enseñanzas del Señor Jesucristo”.
El élder Lee sostuvo que a medida que el marido y su esposa a prenden a servirse y a atesorarse mutuamente, a medida que comparten las experiencias de la vida, progresan juntos y llegan a ser uno, y a medida que son bendecidos mediante la unión de sus naturalezas características, se empiezan a dar cuenta de la plenitud que nuestro Padre Celestial desea para sus Hijos. La máxima felicidad, que es el objeto mismo del plan del Padre, se recibe al efectuar los convenios del matrimonio eterno y al honrarlos.
Finalmente, advirtió a las personas que violan los convenios de castidad, que abusan de su cónyuge o de sus hijos, o que no cumplen con sus responsabilidades familiares, que un día deberán responder ante Dios. “Aún más, advertimos que la desintegración de la familia traerá sobre el individuo, las comunidades y las naciones la calamidad predichas por los profetas antiguos y modernos.
Previo al acto en el que participaron cientos de miembros y misioneros de la Iglesia el presidente dominicano, Leonel Fernández se reunió en privado por la presidencia del Área del Caribe y el Comité de Asuntos Públicos donde se le entregó un ejemplar del Libro de Mormón y La Familia una Proclamación para el Mundo. En ese encuentro el primer mandatario dominicano recibió algunas explicaciones sobre los templos y los convenios sagrados que en ellos realizamos.
El presidente Fernández contó una anécdota de cómo conoció la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, recordando la época de su juventud donde veía a los jóvenes que siempre pasaban en bicicleta, hasta que alguien le dijo que eran “unos muchachos mormones que venían desde Utah a predicar en evangelio”.
“Desde hace muchos años siento una profunda admiración por los misioneros, porque abandonar sus hogares desde lugares remotos para venir a predicar la palabra de Dios y de Jesucristo, difundir el bien por toda la humanidad me parece algo verdaderamente admirable y locuaz y debo felicitarle por ello. Saber que hoy en día hay jóvenes dominicanos realizan esa labor de misioneros me parece un gran aporte a algo que es fundamental en la doctrina del evangelio que ustedes promueven y que nosotros obviamente sus principios fundamentales compartimos”, dijo el presidente Fernández.